Síntesis

La analgesia para el parto no es fácil. Su complejidad radica en que el resultado es multifactorial. Una buena analgesia sólo será un elemento en la satisfacción materna. Manejar las expectativas de la paciente es un trabajo de equipo, en que matronas, obstetras, neonatólogos y anestesiólogos tienen mucho que decir. La anestesia no juega ningún rol en el alarmante aumento en el número de cesáreas en Chile y en el mundo. Es la obstetricia la llamada a buscar la causa de esto.
La evidencia apoya el hecho de que la anestesia puede comenzar en cualquier momento del trabajo de parto. Lo importante no es la dilatación ni la presentación sino el dolor. Es la madre quien decide cuánto dolor desea sentir y cuándo comenzará la anestesia.
A la paciente que está “sufriendo” por el dolor, siempre se le debe ofrecer la mejor alternativa, que es, sin lugar a dudas, la anestesia regional. Es fundamental explicar que, independiente de la técnica analgésica empleada, será la paciente quien tenga el control. Es ella quien decide cuánto va a sentir, cuánto va a sufrir y lo que eso significa. Hay que otorgarle a la expectativa de la paciente, un lugar importante en la toma de decisiones. Hay que informarle lo que se puede hacer, lo que no se puede y los riesgos. Si a pesar de todo el esfuerzo en explicar las ventajas de la anestesia regional, la paciente tiene dudas o simplemente no la quiere, entonces hay que ofrecerle la mejor alternativa al alcance.
Por otro lado, si la paciente opta por la analgesia regional, se utilizará siempre la menor cantidad de anestésicos, en la mejor forma, con el menor efecto motor y que tenga la menor incidencia de efectos secundarios. Es importante recordar que un leve prurito puede afectar tan negativamente la satisfacción materna tanto como el dolor de un parto sin anestesia. Siempre hay que intentar que la paciente mantenga el control sobre lo que está pasando y responder a sus expectativas, no a la de los médicos. Es importante recordar que todos quienes participan de un parto, incluyendo al anestesiólogo, son simples observadores del evento más maravilloso en la historia de una familia, el nacimiento de un hijo.

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