El efecto de la deambulación sobre el trabajo de parto es controvertido. Una revisión deCochrane de 2009 (45), encontró que las pacientes que deambulaban tenían un parto más corto (una hora menos en promedio) pero en este grupo utilizaron menos anestesia epidural. De aquellas pacientes que recibieron analgesia epidural, la duración de la primera etapa del trabajo de parto no mostró diferencias entre las que caminaban o no lo hacían. Collis y colaboradores (46) utilizando CEE, no encontró diferencias en requerimientos de analgesia, modo de parto ni duración de la primera etapa del trabajo de parto entre aquellas que deambulaban y las que no lo hacían. Otros estudios (47–49) han mostrado que no hay asociación entre caminar y partos instrumentales o duración del trabajo de parto. Finalmente, Wilson y colaboradores (31), reportó un resultado secundario del estudio COMET. Este vio el efecto de diferentes técnicas a bajas dosis sobre la fuerza, la deambulación y su relación con el modo del parto. Al comparar la fuerza de las extremidades inferiores, todos los índices de función motora fueron mejor mantenidos con CEE. Sin embargo, el porcentaje de mujeres que deambulaban fue el mismo en todos los grupos. A pesar de recibir anestesias “caminantes”, la mayoría de las mujeres preferían quedarse acostadas e independiente del nivel de deambulación no hubo beneficio sobre el modo del parto.
A pesar de estos resultados “no positivos” asociados con la deambulación, aún hay muchas ventajas de una anestesia “caminante”. Aumento en la satisfacción materna, menor densidad del bloqueo motor y sensitivo y reducción en la necesidad de cateterización vesical (50) son algunos hechos positivos al usar menos anestésicos locales (o de manera correcta). Por lo tanto, el objetivo no será que la paciente en trabajo de parto camine. El objetivo es que pueda hacerlo si quiere.

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